Camina solo por el camino que aún se
mantiene húmedo después de la lluvia. Huele a cenizas y leña mojada. Los pinos
se sacuden las gotas de sus ramas en un baile mágico y encantador.
El cielo blanco marfil y el sonido de tus
pies contra las pequeñas piedras que yacen silenciosas en el terreno llenan un
espacio que nunca existió.
Ahí, en el lugar en el que a Newton se le
cayó la manzana sobre la cabeza está él, Daniel. Rodeado por un aura invencible
y un espíritu azul índigo suspira al bosque y susurra palabras de esperanza
mientras yo, junto a mi hermano el sol lo observamos con delicadeza.
Las palabras de los sabios cuales druidas
dueños de los espíritus retumban en su pecho. Y espera, espera a que la manzana
que cambie su vida aparezca en el camino y lo salve.