-Antes de irme, debo
preguntarte algo. Por favor, no lo juzgues con tu mente, sino piensa con tu
corazón. Siente mis palabras en tu pecho y déjalas fluir en tu interior, ellas
conocen el camino.
Yo fui el único
animal contra el que no pude luchar. Bellos son tus hombres antes de nacer;
ligeros como el viento, rápidos y astutos como gacelas. Y qué ha pasado? Qué
hemos hecho de un mundo lleno de riquezas y paraísos terrenales?
La aspereza de
vuestras manos, el trabajo con el que ponéis un trozo de pan sobre la mesa. Y
el agua, un bien demasiado preciado que siempre es desperdiciado. Todas las
pequeñas cosas que llenan los solsticios de majestuosa magia han desaparecido
como el océano que retrae su presencia ante la luna.
¿Qué haremos cuando el
sol ya no salga, cuando no encuentres tu camino sobre las piedras, cuando tu
amor fallezca sobre las margaritas?
Vuestro gobierno solo
ha construido altares de arena sobre los cuales no me inclinaré así como
vuestras palabras han perdido poder y la podredumbre os oxida la entrañas tal
como el herrumbre que parece haberse acumulado en vuestros ojos. Y es que el
mejor esclavo es el que cree vivir siendo libre, el que depende de cosas que ni
siquiera necesita para llenar el vacío que siempre existió en su pecho.