miércoles, 21 de agosto de 2013

El paraíso del druida


-Antes de irme, debo preguntarte algo. Por favor, no lo juzgues con tu mente, sino piensa con tu corazón. Siente mis palabras en tu pecho y déjalas fluir en tu interior, ellas conocen el camino.

Yo fui el único animal contra el que no pude luchar. Bellos son tus hombres antes de nacer; ligeros como el viento, rápidos y astutos como gacelas. Y qué ha pasado? Qué hemos hecho de un mundo lleno de riquezas y paraísos terrenales?

La aspereza de vuestras manos, el trabajo con el que ponéis un trozo de pan sobre la mesa. Y el agua, un bien demasiado preciado que siempre es desperdiciado. Todas las pequeñas cosas que llenan los solsticios de majestuosa magia han desaparecido como el océano que retrae su presencia ante la luna.

¿Qué haremos cuando el sol ya no salga, cuando no encuentres tu camino sobre las piedras, cuando tu amor fallezca sobre las margaritas?

Vuestro gobierno solo ha construido altares de arena sobre los cuales no me inclinaré así como vuestras palabras han perdido poder y la podredumbre os oxida la entrañas tal como el herrumbre que parece haberse acumulado en vuestros ojos. Y es que el mejor esclavo es el que cree vivir siendo libre, el que depende de cosas que ni siquiera necesita para llenar el vacío que siempre existió en su pecho.