sábado, 30 de noviembre de 2013

Animales mecánicos


Isla

Imagino que no conoces la Isla; 
Una jungla de hierro y cemento armado estéril en su centro cobija a nuestras criaturas. 
Todos los días cuando sale el sol, caminan sin vida para cumplir con su designada función.
 Enormes ruidosos animales mecánicos las transportan de un lugar a otro en silencio y ellas caminan libres a sus prisiones, creyéndose poseedoras de la decisión de vivir atadas o morir mutiladas que los hará libres. Pobres desdichadas que no se miran a los ojos porque no tienen, los demonios se los han llevado. 


Hogar

Campos de tierra húmeda y romero se arraigan a nuestro corazón como enredaderas.
 El cabello se riza al viento y el pan caliente llega a nuestras bocas de invierno.
 Sencillos son nuestros anhelos y bendecidos son los caminos que baña en sol. 
Cada mañana despertamos de el sueño al canto de las aves salvajes y los lobos que se meten en casa por nuestras viejas ventanas.
 Siempre hay manzanas sobre la mesa y cálidas miradas al final de nuestros viajes.
 Y nosotros, desconocidos de esta vida, qué alegría volver a encontrarnos!

domingo, 10 de noviembre de 2013

Verde esperanza


Un conjunto de sombras vivas se acercan a mi. Creo que están hablando, creo que intentan decirme algo.

-¿Hay alguien ahí?

Abro la boca para contestar pero ningún sonido sale de mi boca y siento que se me paraliza la mitad izquierda del cuerpo. ¿Cuerpo?
Una cálida brisa invade todo mi ser y diviso dos pequeñas luces verdosas a mi lado.
Doy un salto y me aparto de ellas pero no mido mis fuerzas y me fusiono rápidamente con el aire, golpeándome con una esquina de la habitación causando estrépito.

-No queremos hacerte daño. Utiliza la energía de nuestros cuerpos para comunicarte con nosotros.

“¿De qué habla?”-Pienso

El aire es denso y el espacio confuso. Intento acercarme al hombre que sostiene las luces verdes en su cabeza y le hablo al oído, esperando con todas mis fuerzas que me oiga.

-¿Qué son esas luces verdes?

El hombre, una cálida figura borrosa que se asemeja a la familiaridad de la tierra vuelve a hablar.

-¿Verde? ¿Qué sucede con el verde?

-Luces. Hay luces de color verde en tu cabeza.

Me acerco más y entonces lo veo. Dos preciosos luminosos ojos verdes que parecen contener la vida y la calidez del sol.

Su cuerpo es fuerte y su piel parece un cálido manto de amabilidad. Su Mirada, misericordiosa y amable buscan mi voz. Quizá busca las respuestas que yo quisiera tener en este polvoriento vacío.

-Te veo

Sus manos se mueven inquietas. Sostiene algo que parece emitir un ruido punzante.

-¿Puedes oírme? Si me oyes tócame el brazo derecho.

Me acerco de manera algo torpe y poniéndome frente a él, le paso la mano por el brazo intentando acariciar su piel para hacer así obvia mi presencia.

La cálida figura de ojos verdes se gira rápidamente en mi dirección llevándose la mano al brazo que acabo de tocar y mira mi vacío con ojos expectantes.

-Oh dios mío! Hey Theo, ven aquí! Me acaba de tocar el brazo.

-¿En serio? No puede ser!-Dice una voz diferente.

-¿Estás bien?

Vuelvo a acariciar su brazo y siento una vez más el tacto de su sana piel.

-Ayúdame.

Grito para que me oiga, ahogando mis palabras en un sonido sordo y profundo que no sale de mi boca. Y el silencio más extraño que experimenté nunca llena la sala. Empiezo a sentirme débil y su reflejo empieza a desvanecerse.

-No oigo nada. Creo que se ha ido.

-Espera! - Grito hasta quedarme sin fuerzas. Siento como todo mi ser se tensa y desprende energía hasta agotarla y quedarse vacío.

Pero su sombra se aleja y con él, la calidez se desvanece llevándose todo lo que tenía.

Me quedo en silencio, frente a la puerta donde se perdió su imagen, dejando que el silencio y el vacío de la habitación me llenen.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Lo que el agua nos dio

La horca se encuentra en tu corazón. Sus ojos color miel caen tristes en su rostro. 
Se acerca caminando sobre el viejo suelo de madera que cruje a cada paso, con un vaso de whiskey en la mano y un cigarrillo encendido en el otro. Se sienta a mi lado en la escalera. Mira al frente hacia el horizonte de neblinosos bosques que separa el cielo de la tierra, el infierno.

Todos nuestros pecados han sido venerados en el altar de los escépticos.
Su camisa de manga corta blanca y el pantalón color camello sujeto por tirantes huelen a cenizas ancestrales. Se echa el pelo hacia atrás y desocupa sus manos en el suelo.

Me mira y pongo mis manos sobre su rostro; su piel áspera y la corta barba que llega a ensombrecer su piel. Él pone sus grandes y delgadas manos sobre mi rostro y fija sus ojos color miel en los míos sin atisbo de esperanza.

Inspiro suavemente su olor que se impregna en cada rincón de mi cuerpo. Cálido y áspero abre sus labios y yo abro mi boca e inhalo sus ser en mi interior. Inclinamos más nuestros rostros y los acercamos abriendo más sus orificios.

Él empuja levemente mi rostro hacia un lado y soplando y respirando de manera desgarradora y quejumbrosa se levanta y camina hacia el río a paso ligero como si loa demonios lo invocaran.

Camino hacia la orilla con las faldas al viento. Él empieza a adentrarse en el agua y me espera con el agua a media cintura. Me adentro en las frías aguas junto a él y me detengo firme a su lado. Él se gira y me mira de frente.

Caminamos juntos hasta que el agua nos llega bajo el pecho. Los peces curiosos no entienden nuestra presencia y miran expectantes mientras las piedras del fondo, cubren un suave lecho.
Empujo con mi mano su cabeza hacia el interior del rio y su viejo dulce rostro se adentra en él. Luchan do con sus brazos para apoyarse en mi cuerpo, consigue sostenerse apoyando sus manos en mi pierna.

-En nombre del padre, del hijo...
Empiezo a recitar.
-Del espíritu santo...
Sus brazos pierden fuerza a cada segundo que pasa pero no se detiene.
-Tus pecados sean perdonados y tu alma sea invocada al reino de los cielos.

Al terminar mis palabras, Theo dejó de luchar para reunirse con las calmas aguas del alma del río.

Su cuerpo sube a la superficie y puedo observar sus tristes ojos color miel mirarme una vez más antes de devolverle al agua lo que hace tanto tiempo nos dio.