domingo, 10 de noviembre de 2013

Verde esperanza


Un conjunto de sombras vivas se acercan a mi. Creo que están hablando, creo que intentan decirme algo.

-¿Hay alguien ahí?

Abro la boca para contestar pero ningún sonido sale de mi boca y siento que se me paraliza la mitad izquierda del cuerpo. ¿Cuerpo?
Una cálida brisa invade todo mi ser y diviso dos pequeñas luces verdosas a mi lado.
Doy un salto y me aparto de ellas pero no mido mis fuerzas y me fusiono rápidamente con el aire, golpeándome con una esquina de la habitación causando estrépito.

-No queremos hacerte daño. Utiliza la energía de nuestros cuerpos para comunicarte con nosotros.

“¿De qué habla?”-Pienso

El aire es denso y el espacio confuso. Intento acercarme al hombre que sostiene las luces verdes en su cabeza y le hablo al oído, esperando con todas mis fuerzas que me oiga.

-¿Qué son esas luces verdes?

El hombre, una cálida figura borrosa que se asemeja a la familiaridad de la tierra vuelve a hablar.

-¿Verde? ¿Qué sucede con el verde?

-Luces. Hay luces de color verde en tu cabeza.

Me acerco más y entonces lo veo. Dos preciosos luminosos ojos verdes que parecen contener la vida y la calidez del sol.

Su cuerpo es fuerte y su piel parece un cálido manto de amabilidad. Su Mirada, misericordiosa y amable buscan mi voz. Quizá busca las respuestas que yo quisiera tener en este polvoriento vacío.

-Te veo

Sus manos se mueven inquietas. Sostiene algo que parece emitir un ruido punzante.

-¿Puedes oírme? Si me oyes tócame el brazo derecho.

Me acerco de manera algo torpe y poniéndome frente a él, le paso la mano por el brazo intentando acariciar su piel para hacer así obvia mi presencia.

La cálida figura de ojos verdes se gira rápidamente en mi dirección llevándose la mano al brazo que acabo de tocar y mira mi vacío con ojos expectantes.

-Oh dios mío! Hey Theo, ven aquí! Me acaba de tocar el brazo.

-¿En serio? No puede ser!-Dice una voz diferente.

-¿Estás bien?

Vuelvo a acariciar su brazo y siento una vez más el tacto de su sana piel.

-Ayúdame.

Grito para que me oiga, ahogando mis palabras en un sonido sordo y profundo que no sale de mi boca. Y el silencio más extraño que experimenté nunca llena la sala. Empiezo a sentirme débil y su reflejo empieza a desvanecerse.

-No oigo nada. Creo que se ha ido.

-Espera! - Grito hasta quedarme sin fuerzas. Siento como todo mi ser se tensa y desprende energía hasta agotarla y quedarse vacío.

Pero su sombra se aleja y con él, la calidez se desvanece llevándose todo lo que tenía.

Me quedo en silencio, frente a la puerta donde se perdió su imagen, dejando que el silencio y el vacío de la habitación me llenen.