Un
conjunto de sombras vivas se acercan a mi. Creo que están hablando, creo que
intentan decirme algo.
-¿Hay
alguien ahí?
Abro la
boca para contestar pero ningún sonido sale de mi boca y siento que se me
paraliza la mitad izquierda del cuerpo. ¿Cuerpo?
Una
cálida brisa invade todo mi ser y diviso dos pequeñas luces verdosas a mi lado.
Doy un
salto y me aparto de ellas pero no mido mis fuerzas y me fusiono rápidamente
con el aire, golpeándome con una esquina de la habitación causando estrépito.
-No
queremos hacerte daño. Utiliza la energía de nuestros cuerpos para comunicarte
con nosotros.
“¿De
qué habla?”-Pienso
El aire
es denso y el espacio confuso. Intento acercarme al hombre que sostiene las
luces verdes en su cabeza y le hablo al oído, esperando con todas mis fuerzas
que me oiga.
-¿Qué son esas luces verdes?
El
hombre, una cálida figura borrosa que se asemeja a la familiaridad de la tierra
vuelve a hablar.
-¿Verde?
¿Qué sucede con el verde?
-Luces. Hay luces de color verde en tu
cabeza.
Me acerco
más y entonces lo veo. Dos preciosos luminosos ojos verdes que parecen contener
la vida y la calidez del sol.
Su
cuerpo es fuerte y su piel parece un cálido manto de amabilidad. Su Mirada,
misericordiosa y amable buscan mi voz. Quizá busca las respuestas que yo
quisiera tener en este polvoriento vacío.
-Te veo
Sus manos
se mueven inquietas. Sostiene algo que parece emitir un ruido punzante.
-¿Puedes
oírme? Si me oyes tócame el brazo derecho.
Me
acerco de manera algo torpe y poniéndome frente a él, le paso la mano por el
brazo intentando acariciar su piel para hacer así obvia mi presencia.
La
cálida figura de ojos verdes se gira rápidamente en mi dirección llevándose la
mano al brazo que acabo de tocar y mira mi vacío con ojos expectantes.
-Oh dios
mío! Hey Theo, ven aquí! Me acaba de tocar el brazo.
-¿En
serio? No puede ser!-Dice una voz diferente.
-¿Estás
bien?
Vuelvo
a acariciar su brazo y siento una vez más el tacto de su sana piel.
-Ayúdame.
Grito
para que me oiga, ahogando mis palabras en un sonido sordo y profundo que no
sale de mi boca. Y el silencio más extraño que experimenté nunca llena la sala.
Empiezo a sentirme débil y su reflejo empieza a desvanecerse.
-No
oigo nada. Creo que se ha ido.
-Espera! - Grito
hasta quedarme sin fuerzas. Siento como todo mi ser se tensa y desprende energía
hasta agotarla y quedarse vacío.
Pero su
sombra se aleja y con él, la calidez se desvanece llevándose todo lo que tenía.
Me
quedo en silencio, frente a la puerta donde se perdió su imagen, dejando que el
silencio y el vacío de la habitación me llenen.